Todo aquel que haya practicado un deporte colectivo, independientemente del nivel, entenderá lo que digo; si además es o ha sido entrenador, no solo lo entenderá, sino que lo refrendará.
Me estoy refiriendo a la importancia que tiene en los deportes de equipo aquellos jugadores que saben cuándo y dónde moverse sin balón durante el juego. En términos castrenses podríamos compararlos con los zapadores, cuya misión principal es facilitar el movimiento de los ejércitos propios (compañeros con el balón) y dificultar el de los enemigos (defensa rival). Los movimientos sin balón que realizan los jugadores de un equipo persiguen crear líneas de pase donde no existen, generar espacios libres para aprovechamiento de sus compañeros, desorganizar la defensa rival, dividir la atención del defensor, generar dudas al adversario y, en definitiva, generar pasillos y oportunidades de progresar al balón con el principal objetivo de marcar gol.Teniendo en cuenta que el protagonismo mediático suele recaer en el jugador que consigue el gol, es necesario un diseño y aceptación de los roles dentro de los jugadores, compromiso de cada puesto en función del mismo y un acentuado protagonismo y reconocimiento interno como clave de la cohesión grupal.¿Nos hemos planteado algo similar en el funcionamiento de una empresa u organización? Mi opinión personal es que ambos ámbitos no difieren ni un átomo. Para la consecución de cualquier objetivo, tarea o proyecto dentro de una empresa, tan vital es quien lo encabeza o lidera como el conjunto de jugadores/empleados/compañeros que conforman el equipo y que realizan constantes “movimientos sin balón” para facilitar todas aquellas tareas y funciones de cara a conseguir el objetivo planteado. Ahora bien, del mismo modo que en el deporte esta labor está interiorizada en todos los jugadores, tengo dudas de que siempre se cumpla en el ámbito empresarial. Es cierto que se realiza porque, de otro modo, existe un castigo en forma de amonestación, señalamiento interno o incluso despido, pero a mi juicio no es la mejor manera de conseguir la motivación necesaria para ejercer la tarea, por lo menos a medio y largo plazo. Para conseguir ese compromiso imprescindible, los responsables del proyecto (entrenadores) tenemos muchas herramientas a nuestra disposición. Una de ellas es la información, es decir, que todas las partes sepan la importancia de su tarea de cara a conseguir el objetivo final. Sólo así cada jugador/empleado/compañero será consciente de su participación e importancia en el mismo. Otra herramienta tan importante o más que la primera es obtener el reconocimiento durante el proceso y, sobre todo, cuando se consigue finalizar con éxito. Muchas veces, por esa nociva cultura de apropiación de méritos que existe en algunas empresas u organizaciones, se tiende a capitalizar el éxito de la consecución del objetivo (marcar el gol) en el responsable/director del mismo. Más allá de los bonus o incentivos materiales conseguidos, los miembros del equipo necesitan el bonus o salario emocional y si no lo reciben, desde ese mismo instante un cortocircuito invisible se activa y poco a poco va fundiendo el clima de cooperación y compromiso necesario para el trabajo exitoso en equipo.¿De verdad la vanidad nos hace ser tan ciegos? ¿De verdad nos creemos Superman? ¿De verdad pensamos que los demás son tan estúpidos para creérselo? Una de las lecciones más valiosas que me enseñó mi carrera como Seleccionador Nacional de Fútbol Sala, que después apliqué a otras funciones de gestión y dirección, fue que los jugadores y mi equipo técnico eran tan importantes y necesarios como yo, o incluso más. Y reconocerlo privada y públicamente es una manera de hacer justicia, pero sobre todo es clave para que no se produzca un rasguño en la confianza y el compromiso de los miembros del equipo, pues más tarde se convertirá en herida y finalmente en ruptura. Y lo que se rompe, aunque después se logre unir, deja cicatriz.¡¡¡Mi eterno agradecimiento a los jugadores sin balón!!!!Por: Javier Lozano



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