Copa confederaciones 2013

Una Selección Española que hizo sonar los aplausos del graderío y de la hinchada presente en el estadio de Recife. Aplausos que sonaron con razón. Aplausos acompañados con los clásicos ‘olés’ cantados al son con el que los de Del Bosque bailaban sobre el césped con el cuero. Porque fue eso, fue un baile. Un baile en el que la música era el balón y los artistas eran los hombres vestidos de rojo.

Selección Española

Celebración del Gol de La Selección Española realizado por Soldado. Foto: es.fifa.com

Hombres como Soldado, como Busquets, como Pedro, como Jordi Alba… y sobre todo como Cesc y como Iniesta. Porque vaya espectáculo que dieron el 10 y el 6. Vaya lección de fútbol. Cómo se gustaron el uno y el otro sobre el césped brasileño, con clases particulares para los asistentes al campo y para todo aquel que pudo ver este encuentro a lo largo y ancho del mundo. Un mundo qué fútbol realiza España.

Un fútbol de toque, un fútbol en el que el cuero corre suave sobre el césped. Un fútbol en el que el cielo ve poco, ve bastante poco, el volar del balón sin orden ni concierto. Un fútbol de clase, de arte. Un fútbol en el que se busca el campo contrario con tesón y en el que no se le da la más mínima opción al contrario con una asfixiante presión sin balón. Un fútbol contra el que poco se puede hacer.

Contra el que nada hizo Uruguay. Porque Uruguay, la campeona de la Copa de América y la cuarta del Mundial de Sudáfrica, fue una marioneta en manos de los jugones españoles. Fue un juguete, un mando sin pilas que no funcionaba para cambiar el canal que puso España desde el primer minuto. Un canal en el que a pesar de que había dos equipos sobre el verde, sólo uno era el que jugaba.

Y el que marcaba. Porque con un fútbol así, los goles tarde o temprano llegan. Primero con Pedro, en una jugada en la que el canario recogió un rechace defensivo uruguayo y en el que Lugano desvió el balón para despistar a Muslera. Y después con Soldado, en un pase inmenso de Cesc. Y con 2-0 se terminó una primera parte que sólo los uruguayos querían que terminara.

Para su fortuna terminó. Pero para su desgracia lo que no terminó fue la avalancha de juego de España. Porque el descanso no mermó lo más mínimo al fútbol que estaba realizando la selección. Apoyos constantes, posesiones larguísimas, pases al pie, al hueco, controles orientados… y Andrés Iniesta. Don Andrés Iniesta mejor dicho. En otra galaxia está el manchego.[pullquote]Cesc: «Del Bosque es honesto y con él hay pocas injusticias»[/pullquote]

Pero el cansancio empezó a hacer mella. Y la relajación también. Uruguay no tuvo más remedio que sacar artillería con Lodeiro y Forlán y España, una España que no cerró el duelo y que afrontó los minutos finales sin un Xavi que hasta su retirada era el canalizador del juego español, y sin Cesc. Uruguay despertó y Luis Suárez marcó, de falta, en el primer y único tiro celeste del partido… en el minuto 88.

No es razón ese gol, o ese accidente, para restar mérito a España y a sus jugadores. Unos jugadores que demostraron de lo que son capaces, que volvieron a recordar, en muchos momentos, a aquel equipo que maravilló a Europa y al mundo en la Eurocopa de 2008. Un equipo que ha comenzado su andadura en la Confecup, su segunda andadura en la Confecup, ganando con susto final a la campeona de la Copa América.

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