Volvimos al terreno que nunca quisimos pasar, al escenario de la impotencia y de amargo recuerdo para el murcianismo. Y se volvió a repetir la historia, ésta, con goleada incluida.

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Dos jovencísimos aficionados murcianistas cariacontecidos por la derrota de su equipo. Foto: Antonio López

 

Y otra vez Montilivi fue el escenario de una nueva pesadilla. Si en junio del año 2010, se mascaba un agónico descenso en un penalty para olvidar, así como al trencilla de turno (hay que tener cara para pitarte un penalty más que discutible en el minuto 93), y mandar al carajo todo un cúmulo de ilusiones, esperanzas, sueños que quedaron en saco roto, con amargas y duras escenas de aficionados murcianistas, que tuvieron que pasar las de Caín, aparte de una tarde triste y desapacible en Girona, para venirse a casa con un descenso cruel bajo el brazo.
Pero después de pasar del duro y penoso infierno de la segunda B en el grupo IV de la categoría de bronce a la categoría de la que siempre hemos sido dueños, y tras una travesía por el desierto en nuestra vuelta, la temporada pasada, volvíamos a Montilivi con un objetivo muy diferente al inicial.

 
No volvíamos al terreno gerundense con la vitola de equipo favorito, ni con un colchón de puntos respecto a otros equipos que pretenden meterse de cabeza en el play off, ni mucho menos, sino todo lo contrario, jugándonos en una “baldosa” de puntos nuestro futuro en la categoría de la que somos…. Sí amigos murcianistas, los reyes, pero en la cual ahora mismo, parece que hemos perdido poderes y potestades en ella.

 
Y para jugarnos parte de nuestras esperanzas, tuvimos que volver a Montilivi, ¡ay!, que nombre más cruel, sólo de escribirlo. Que cada uno imagine lo que significa el simple hecho de mencionarlo y los recuerdos que le pueden venir a la mente.

 
Y ya es que no sólo fue regresar a ese campo “maldito”, (por la mala suerte que el tenemos, no por otra cuestión, por aclarar términos), sino venirnos con una goleada de escándalo, que no hizo más que incrementar el rubor a toda la parroquia grana, y no es que ese rubor rojizo de vergüenza, derivase del color de las casacas pimentoneras, para nada. El rubor es el que produce vestir esas casacas, y salir goleado como sin nada, de un terreno que ya para los murcianistas está grabado a fuego.

 
Y es que llevamos una temporada siendo equipo “colador”, sin una defensa fuerte y sólida que nos defienda de ataques como el de ayer precisamente.

 
Y como contraposición, no me gusta para nada las comparaciones. Como se suele decir, resultan odiosas, pero resulta una obviedad contemplar los delanteros que el Girona tenía en su haber, que destilaban dinamita pura, y las carencias ofensivas que presentamos nosotros, por el mero hecho de no querer fichar cuando se debía y cuando se podía.

 
En segunda división, o fichas bien, o ya puedes sudar la gota gorda para poder pelear siquiera por la salvación. Sobre todo, contar con un poder ofensivo de garantías, porque de qué sirve tener un centro de campo creativo, si arriba no creamos ni gol, ni peligro ni susto al portero.

 
Este Real Murcia podría haber sido algo más de lo que está siendo, no me cabe ninguna duda, pero la imagen que estamos ofreciendo en cada estadio por el que pasamos, no es el más alentador desde luego.

 
No quiero hacer de este artículo una crítica feroz, porque no sería justo. Yo creo que de todo se sale con una disposición constructiva y positiva. Sé que lo de ayer no se puede encajar bien. No puedo ser hipócrita con eso, pero me ciño también a lo que queda, a las posibilidades reales de salir de este agónico pozo sin fondo que se nos acerca cada vez más…

 
Queda Liga, pero ya van restando pocas jornadas, y aún queda lo peor. El Real Murcia no puede darse por muerto, porque no es un equipo cobarde ni débil. Es un equipo con más orgullo del que se supone y con más coraje del que se pueda imaginar.
Ha llegado la hora de poner la unión de todo el murcianismo sobre la mesa y demostrar que la afición es el jugador que todo equipo anda buscando, y además de manera incondicional.
Este Real Murcia no puede ser carne de cañón de nuevo, tenemos que remar juntos y llevarle a la orilla, y si hay que hacerle el boca a boca y que siga latiendo, ¡¡LO HAREMOS!!

 

 

¡¡¡AÚPA EL REAL MURCIA!!!

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